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La Luna, Netflix, Wall Street y la Importancia del Agua Subterránea

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Es el siglo 23 y la humanidad ha colonizado el sistema solar. La Tierra es gobernada por la ONU y Marte es una potencia militar independiente. Mientras tanto, en el cinturón de asteroides, y en decadentes condiciones, se minan recursos cruciales para ambos planetas. Allí, asi como en el resto del sistema solar fuera de la tierra, el agua vale más que el oro.

En 2007, Michael Burry, inversionista fundador de Scion Capitals y exresidente de neurología en Standford, fue el primero en anticipar que el mercado hipotecario estadounidense colapsaría. Burry hizo su tarea. Su análisis del mercado hipotecario entre 2003 y 2004, lo llevó a invertir convenciendo a bancos como Goldman Sachs para que le vendieran permutas de incumplimiento crediticio; en otras palabras, seguros ante una eventual quiebra del mercado hipotecario. Pese al pánico inicial de sus propios inversionistas, a junio de 2008 los retornos de Scion Capitals ascendían a 490%. Hoy en día, Michael Burry, retirado para manejar exclusivamente sus inversiones personales, está enfocado en un commodity principal: el agua.

La ficción futurista corresponde al contexto en el que se desarrolla la serie The Expanse del canal SyFy, disponible hasta hace poco Netflix. La historia de Michael Burry, verídica por lo demás, es el argumento de la película The Big Short, estrenada en 2015, y aún disponible en Netflix. Pareciera ser que la importancia del agua no es una novedad para aquellos que piensan en el futuro.

Lógicamente, el valor de cualquier materia prima depende de su escasez, o de la dificultad para obtenerla. En un principio entonces, parece lógico pensar que basta con las proyecciones de cambio climático para determinar una escasez hídrica y, consecuentemente, el interés de inversionistas de Wall Street con un muy buen olfato sobre el futuro. Pero dichas proyecciones también incluyen zonas del planeta donde se espera que la precipitación anual aumente, mientras que los aumentos en intensidad de las precipitaciones extremas son algo sumamente tangible en la actualidad de nuestro país. ¿Qué es entonces, lo que determina la delicada expectativa para el agua?

Para entender la perspectiva futura del agua, un elemento primordial, es entender el exquisito equilibrio global en el que esta existe en la Tierra. En particular, aquel asociado a la porción de agua fresca disponible para la humanidad. Todo está en analizar su cantidad desde una perspectiva global.

Si tomáramos toda el agua que existe en la tierra: océanos, glaciares, nubes, lagos, ríos, acuíferos, incluyendo a todos los seres vivos, y la convirtiéramos en una esfera, ¿de qué tamaño sería? Gracias al USGS tenemos una respuesta gráfica:


Imagen: Modificada de USGS, Howard Perlman, ilustración por Jack Cook, Woods Hole Oceanographic Institution (©); Adam Nieman

La cantidad total de agua en el planeta es aproximadamente 1.400.000.000 km3 (Fitts, 2012).  Esta cantidad que parece extraordinaria, equivale en realidad a una esfera de 694 km de radio, aproximadamente la distancia entre Santiago y Temuco. Dispuesta de forma uniforme sobre el planeta, es un océano cuya profundidad media alcanza 2,7 km: la distancia en línea recta entre La Moneda y la cumbre del cerro San Cristóbal.

El 96,54% de esta agua está en los océanos, y por tanto es agua salada; su uso en la mayoría de los casos requiere tratamiento. El pequeño 3.46% restante tiene una distribución extremadamente interesante:

 



Un 1,74% se encuentra en estado sólido (nieves permanentes, glaciares y casquetes polares) y por lo tanto no es directamente accesible por los humanos. La fracción restante, es decir, el agua líquida continental, corresponde prácticamente en su totalidad (1,69%) a agua subterránea. Solo un 0,03% corresponde a agua superficial, atmosférica y la biosfera.

Más aún, poco más de la mitad del agua líquida continental es salada. Solo un 0.79 % es agua fresca, de la cual, nuevamente, casi el total (0,76%) es agua subterránea. ¿Cómo se ve esto en la ilustración del USGS?


Imagen: Modificada de USGS, Howard Perlman, ilustración por Jack Cook, Woods Hole Oceanographic Institution (©); Adam Nieman.

Y ya que estamos hablando de esferas: ¿si comparamos esto con la Luna?


Modificada de USGS y NASA

Con estas perspectivas, resulta más fácil apreciar que son las proporciones globales del agua fresca disponible para el uso de la biosfera, las que determinan que las proyecciones de cambio climático puedan generar consecuencias tan relevantes. Es el agua en la atmósfera (un 0,001% del total) uno de los mayores responsables de las condiciones climáticas locales, y es el agua subterránea nuestra mayor reserva de agua fresca. Probablemente, la próxima noche de Luna llena podamos hacer más tangible la dimensión del agua que tenemos disponible.



Fuentes:

https://water.usgs.gov/edu/gallery/global-water-volume.html

https://water.usgs.gov/edu/earthhowmuch.html

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/asi-afecta-el-cambio-climatico-al-agua-del-planeta_9947/4

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Javier González

Javier González

Socio en Bluedot Consulting Ingeniero Civil Hidráulico M.Sc. - Especialista en Hidrogeología y Modelación

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